Cuando yo tenía alrededor de 8, años de edad, algo inusual ocurría con mi mamá, cuchicheos, idas y venidas, no entendía que pasaba, a mis preguntas, la respuesta fue, que estaba “de compras” y nada mas.. Comenzó a ponerse mas gorda, y sus piernas muy cansadas, debía recostarse y ponerse toallas frías para aliviarlas.
Así pasaron los meses, un mañana no estaba en casa, quedando los más chicos al cuidado de hermanos más grandes, que dijeron que pronto volvería. Eso me alcanzó y como todos los días fui a la escuela.
Cuando regresé mi papá, me esperaba para hablarme, dijo –que mi mamá, había ido a “comprar” un hermanito, pero que le ofrecieron dos, yo que prefería ¿nene o nena?, porque el dinero que tenían solo alcanzaba para comprar uno.
Sin decir nada, corrí hasta el ropero, donde en una cajita guardaba monedas que el “Ratón Pérez”, había dejado por mis dientes, todavía recuerdo cuando le di las monedas a mi papá y llorando le pedí que comprara a los dos.
El sorprendido tomó las monedas, no quiso desilusionarme, confesando que era una broma, se fue con ellas en su mano.
Yo no entendía ni de embarazos, ni de partos, así que esperé ansiosa hasta que mi mamá regresó a casa, con que alegría ví que traía a mis dos hermanitos, orgullosa repetía todos, que yo con mis monedas ayudé a “comprarlos”.
Cuando cumplí 15 años, mi papá me dio un sobre, con gran sorpresa en su interior estaban “mis monedas”( de la “gran compra”) nos miramos con complicidad, nos abrazamos, sobraban las palabras.
Hoy a los 73 años todavía “esa monedas” están entre mis cosas mas queridas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario