sábado, 31 de diciembre de 2011

LA CONQUISTA





Una cita ocasional, de gran placer daba gala
Con un hombre cincuentón, al hotel llegó la dama.

Ella rubia, muy pintada, vestido rojo ajustado,
Que dejaba traslucir su cuerpo de más dotado.

Con aire de “ganador”, el varón, super trajeado
Con los zapatos lustrosos, y en exceso perfumado.

La “conquista”, había sido en el salón “La cortada”
Desde el preciso momento, que la vio desde la barra.

Llegaron a la habitación, entre mimos y arrumacos
Desbordantes de pasión, el galán muy excitado.

Y en el preciso momento, a punto de “consumar”
Comprueba de que la diva, no era “María” era “Juan”


                                                      

“MI PRIMERA VEZ”


          Soy Esteban, hacía tiempo que pensaba en mi “primera vez”, mis amigos ya experimentados me decían el placer que les había causado, eso me despertaba mas las ganas de “debutar”.

          Mis padres, chapados a la antigua no estaban de acuerdo, siempre con la misma respuesta,-que todavía no tenía edad suficiente, -¿para qué apurarme?,-que había tiempo; y mil excusas mas.
          Yo busqué a mi tío (hermano soltero de mamá),-¡bravo, dijo, ya es hora que te hagas hombre! Entonces convenimos el día, la hora y le inventamos una salida a mis viejos.

          La noche anterior casi no dormí, la ansiedad y también la duda rondaban en mi cabeza, -¿y si no me gustaba?..-como se burlarían mis amigos, pero debía intentarlo, así que cuando vino a buscarme, allá fuimos.

          Cuando llegamos a la puerta de “ese lugar”, creo que mi tío notó el temor, me miró con complicidad, me guiñó el ojo y poniendo su mano sobre mis hombros me hizo entrar.
          Hombres de distintas edades esperaban, el corazón creo quería salir de mi pecho, entonces apareció “ella”…arrolladora, totalmente desnuda, comenzó a danzar, sus movimientos provocadores, ellos la perseguían, trataban de acariciarla, sin lograrlo, iba de un lado a otro, a veces sin tocar el piso, esquiva, evitando ser atrapada y penetrada, ésos juegos eróticos me excitaban cada vez más; los gritos que se oían me producían un placer infinito, mi sangre fluía alborotada, la ropa empapada en sudor se pegaba a mi cuerpo, la entrega era total a pesar de lo indescriptible del lugar, todo transcurrió vertiginosamente, cuando mi tío me volvió a la realidad,- ya acabó, dijo debemos irnos. En el camino a casa no paraba de hablar, satisfecho y eufórico por mi “debut”, y a partir de ése día volvía ir con mis amigos y hasta solo.

          Pasaron los años, hoy soy papá de Germán y ahora es él que me pide su “primera vez”, pero quiero acompañarlo yo, estar a su lado, compartir esa sensación que todavía me produce y contemplar su cara cuando escuche el grito de ¡GOOOOOOOL!  en la cancha de Boca…